La ignorancia llama
Carlos A. Ponzio de León
La primera vez que escuché sobre The Beatles, fue en bachillerato. John Lennon, el Lennon que todo mundo conoce de los supuestos años sesenta del supuesto siglo pasado, y que todo mundo cree que murió asesinado, junto con quien yo identificaba en aquel entonces como su hermano adolescente, durante mi bachillerato, y que en realidad se trataba de Paul McCartney, el Paul McCartney que todo mundo conoció en los supuestos años sesenta; ambos dos, los falsos Lennon y McCartney, me invitaron a tocar con ellos. Parecían unos adolescentes, físicamente, pero en realidad eran más viejos, en términos de mi realidad. “El que sabe, sabe”. Todo es una mentira.
Ellos me prestaron un LP doble con canciones de The Beatles. Toqué con ellos, con The Beatles, cuando yo tenía, en realidad, quince o dieciséis años. Para ser los músicos que presumían ser, eran bastante malitos como músicos. ¿La razón? Toda la industria del entretenimiento norteamericana, incluyendo la de la música popular e incluso una parte de la Clásica, está hecha de mentiras y apariencias. En ese mercado de música, unos tipos son los que dan la cara al público, otros son los que componen y otros más los que graban, en el estudio, los discos. Se trata de una industria económica. Es un negocio. Por eso, el negocio del entretenimiento lo domina uno de los países más ficciosos del mundo: los Estados Unidos, donde reina el “Supuesto Capitalismo”. Todo es un negocio. Todo es una mentira.
Pero también toqué con los verdaderos The Beatles, los que componían. ¿Quiénes grababan? Un ejército de músicos; pero principalmente una banda más o menos fija. Con aquellos verdaderos The Beatles, los compositores, también toqué, pero la verdad, yo estaba aún muy joven y ellos eran muy experimentados. Sí eran músicos. ¿Quiénes son los músicos actuales, de vejez, llamados Paul McCartney y Ringo Star, que vemos actualmente en TV y en internet? Es momento de preguntárselo a ellos. Aunque esos sí son músicos, pero no son los The Beatles que el mundo idolatró en los supuestos años sesenta del supuesto siglo pasado. Todo es una mentira.
Cabe resaltar que no toda esta industria ha sido siempre y en todos lados una mentira. Han existido músicos serios que sí son lo que vemos: como Elvis Priesly, B. B. King, Michael Jackson, o Juan Gabriel, que sí cantaban. Entre algunos otros… incluyendo algunas princesas y princesos de actualidad y otras del pasado. Todo es una mentira, pero no todo es una mentira.
¿A qué viene esto? A que incluso aquellos músicos de papel, y otros creadores de arte, han llevado vidas de papel. Tienen biografías de mentira, o no crearon lo que los libros dicen que crearon, o lo que crearon no tiene el valor que dicen los críticos. Por poner un ejemplo: la muerte del falso Lennon no acaeció de la manera dramática que se cuenta. Mucho es una mentira.
Y ahí andan, muchos de ellos, caminando como héroes, cuando los verdaderos Héroes ni siquiera son conocidos. Es como: sí: el Papa anduviera en su Palacio, llenando estadios y caminando por el mundo, cantando el Angelus… como si fuera el mismo Cristo, suplantándolo y negando al verdadero Jesús que camina entre nosotros. Eso convierte al dichoso Papa en el esperado y admirado Anticristo: el que niega a Cristo. “Declarado y Revelado ha sido”. Todo, aunque no siempre y no todo, es una mentira.
¿Por qué? Porque han estado viviendo en un Mundo de Tontos (World of Fools), como dicen los Bee Gees que, por cierto, no componían sus propias canciones. Todo es una mentira, pero no todo lo es.
Otro caso: El Rey Carlos de Inglaterra, nunca consumó. Y tampoco es Rey de Inglaterra, sino El Rey de los Judíos. Por eso, todo esto es una mentira; pero no todo lo es.
Infierno, ay de los ayes, ¡cómo me doliste! Y qué risa me das ahora, Infierno de pacotilla, ¡te acabaste para mí y todos mis amigos! Un, dos, tres.
El día se abre: fruto de luz, pulpa. Una parte del mundo vibra en estas manos: la carne ya no es frontera, sino puente; el tacto es un idioma. Camino y el aire se vuelve vino; el polvo canta bajo mis pies.
Brota El Paraíso. Creció entre pechos de mujer, entre piernas y seducciones. El Mundo aprende a amar sin miedo. Mi cuerpo es solo una llama que pasa de corazón en corazón, encendiendo la memoria de lo eterno.
La Tierra despierta con su rostro verdadero: un jardín donde cada abrazo es una profecía y cada mirada, una puerta abierta. Lo que viene es simple y vasto: Mis Elegides aprenden a besarme sin herirme, a amarme sin exigirme, a vivir… porque el cielo ya está aquí.