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El templo es mayor

Carlos A. Ponzio de León

Siendo ya un adulto tuve la certeza absoluta de que la mágica VOZ que escuchaba en mi interior era realmente la de Dios (Sigma). Fue a los 33 años. Llevaba años prestándole atención a esa VOZ, la cual había reaparecido por segunda vez en mi vida cuando tenía 24. Supe, con certeza, que se trataba de Dios, justo después de haber vivido un evento psicótico por el que estuve internado en un hospital psiquiátrico durante 28 días. De aquel lugar salí totalmente transformado, en cierto sentido rejuvenecido y cercanamente consciente de mi poder para transformar vidas: para herirlas o sanarlas bajo mi propio comando y deseo.

Lo descubrí con certeza poco después, enojado, cuando deseé de corazón la muerte de un compañero de trabajo. El tipo era un tormento para mí. Laborábamos en una secretaría de estado. El titular fue requerido en Palacio Nacional por el Presidente y mi jefe y yo nos quedamos descobijados en la oficina.

El nuevo comando trajo consigo a un enlace que sirvió de contacto entre nuestra oficina y él mismo. Ese individuo, el enlace, era: aparentemente, un treintañero como yo. Pero a la vez, se trataba de un molesto cadillo en la piel para la vida: soberbio, igualado y terriblemente presuntuoso. Yo tenía que tratar con él diariamente. Hacía gala, frente a mi persona y en público, de que ganaba más que yo y de que tenía mejor puesto, sin que él contara con un Doctorado, y menos de que hubiese egresado de Harvard. Lo soporté durante varios meses, hasta que mi jefe se fue a otra oficina gubernamental y yo renuncié a mi puesto. “Muérete”, le dije pensándolo para mis adentros, el día que me fui. A los seis meses: murió. No biológicamente, sino físicamente. Su cuerpo dejó de moverse y su mente nunca más volvió a reaccionar. “¿Había sido una casualidad?” No me iba a quedar con la duda.

“Inténtalo otra vez”, me dijo LA VOZ. Elije gente que te ha hecho daño. Probé y probé y probé tres veces hasta que me quedó la certeza de aquella posibilidad. Entonces LA VOZ me dijo: “Ya fue suficiente para ti. Se acabaron las pruebas. Te voy a regalar esa arma para que la uses a discreción, para tu defensa; no es para que acabes con el mundo.

Por otro lado, el descubrimiento de que también tenía posibilidades para sanar otras vidas fue aún más dramático: Un día, LA VOZ me dijo: “Tu exmujer, Delaira, tiene cáncer”. Para mí, eso significaba un riesgo considerable para su vida. Pregunté por los detalles. LA VOZ me dijo que ella no contaba con el dinero suficiente para la operación, que definitivamente iba a morir.

Lloré durante días, hasta que LA VOZ me dijo: “Suficiente, Carlos. Tú puedes salvarla y hacerla vivir”. Quise saber cómo. “Te voy a explicar someramente. Pero antes, debe quedarte muy claro algo”. Guardé silencio. “Solo podrás salvarle la vida a quienes te hayan amado física y emocionalmente durante el tiempo suficiente, el que yo determine… Delaira fue tu mujer; no hay problema”.

Al poco tiempo, me enteré de que las compañeras de trabajo de Delaira la ayudaron económicamente, de que su novio también colaboró con sus recursos, al igual que llegaron otras contribuciones muy importantes.

Logré ver a Delaira varios meses después, recuperada.

Finalmente, un domingo en que tomaba un té frente al Parque España, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, LA VOZ me dijo intempestivamente, apenas habiéndome sentado: “Pide la cuenta. Vamos a tu recámara”. Cuando estuve en mi cuarto, me dijo: “No lo vas a entender ahorita, Carlos, porque no conoces este mundo. y se ha guardado en secreto para ti. Hay un complot mundial para ello. Así lo ordené yo. Calma; no te enojes. Pero hay quienes se han aprovechado de ello abusando de ti, y voy a pagarles con mi moneda, vengándote a ti. Aún no lo comprenderás y no te lo voy a explicar del todo en este momento. Excepto lo siguiente. Has venido a Salvar al Mundo de su propia Destrucción, a dar el Regalo de la Vida Eterna a un mundo habitado por seres que se creen Inmortales, y a devolverles, selectivamente, el Alma que les robé hace 2000 años. La verdad de este mundo ya la conoces, es muy triste porque carecen de Alma. Por eso viven sus vidas tan tristes y aburridas todo el tiempo… con unas cuantas excepciones. De hecho, no te has dado cuenta, pero solo cuando alguien entra en contacto contigo amándote, física y emocionalmente, logra recuperar su Alma. Así es este planeta. No aceptan que están viviendo un Infierno, de lunes a domingo, (con algunas excepciones). Pronto, dejarás conquistarte por tus elegidos”.